sábado, 31 de diciembre de 2011

Ángel Morillo Cerdán.“Conquista y estrategia. El ejercito romano durante el periodo augusteo y Julio-Claudio en la región septentrional de la Península Ibérica.”


Creo que el artículo de Ángel Morillo Cerdán, “Conquista y estrategia. El ejercito romano durante el periodo augusteo y Julio-Claudio en la región septentrional de la Península Ibérica.pp-73-74, nos puede aclara ciertos puntos y dar pistas además sobre por donde seguir mirando. Por cierto, es del 2002 perteneciente a Arqueología Militar Romana en Hispania. Anejos de Gladius. Ángel Morillo Cerdán (Coord.), donde se publico el trabajo sobre Andagoste. Morillo apuntaba  a investigaciones no acabadas en aquellas fechas pero que seguro que hoy día pueden estar finalizadas.


Asimismo debemos mencionar el reciente hallazgo de un emplazamiento de tipo militar en Andagoste (Cuartango, Álava) ubicado justo sobre la divisoria de aguas que separa las vertientes mediterránea y cantábrica, y que se presenta por primera vez en este mismo congreso. Aunque también en este caso es preciso acometer su análisis en profundidad, los primeros datos apuntan una datación aproximadamente una decena de años antes de la conquista augustea de cántabros y astures. De confirmarse dicha interpretación nos encontraríamos ante una prueba concluyente de la existencia en la región septentrional de movimientos tácticos militares previos a las Guerras Cántabras, destinados posiblemente a allanar el camino para acometer la conquista definitiva del núcleo indígena más refractario a la presencia romana, compuesto por cántabros y astures. Mediante pactos o mediante el uso de la fuerza se acabaría con las últimas resistencias de los pueblos que habitaban en la periferia oriental de aquellos, como los autrigones y caristios, que en su mayoría ya debían de haber entrado en la órbita romana desde la época de las guerras  sertorianas, sin dejar ningún posible grupo rebelde a la espalda del ejercito romano. Dicha labor preparatoría tendría una clara continuidad en un momento inmediatamente anterior al bellum cantabricum, cuando Mesala Corvino combate a los tarbelli, que habitaban en el extremo sudoccidental de la Aquitania, entre los 29 y 27 a.C.
La aparente relación entre estos hechos permitiría plantearse la hipotética posibilidad de que la conquista de los últimos reductos independientes en el norte de la Península no fuera una idea original de Augusto, tal como nos lo presenta la propaganda contemporánea al princeps, sino que tal vez éste se limitara a seguir un plan estratégico ya formulado con anterioridad, posiblemente por Cesar. En este sentido debemos recordar la importancia de la obra imperialista del dictador para el norte de Hispania. Tras el sometimiento de los galaicos en el 61 a.C y de los pueblos aquitanos en el 56 a.C, y considerando que los vascones se encuentran ya pacificados desde varias décadas antes, los pueblos cántabros y astures quedan como el último reducto aislado e independiente del poder romano dentro de los teóricos límites del Imperio, contra el que puede volcarse éste con toda su fuerza para completa la conquista de Hispania.
Tal vez debamos interpreta es esta misma clave la problemática  cita que alude al desembarco, con fines militares o de avituallamiento, de una escuadra procedente de los puertos aquitanos, la llamada classis aquitanica, en algún punto de la costa cantábrica durante las guerras contra cántabros y astures. Con leves variantes, dicha mención, que ha sido objeto de una gran polémica historiográfica, aparece recogida en los textos de Estrabón (Geog.III,4,18), Floro(Epit.II,33) y Orosio (Hist.VI,21,4). Por otra parte, desde el punto de vista de la táctica militar, dicha operación de tenaza es impecable, aunque plantea algunas objeciones prácticas como la necesidad de una concienzuda labor previa de exploración del terreno, necesidad que puede ser sustituida satisfactoriamente mediante aliados fiables en la región. Por otra parte, los restos arqueológicos no avalan esta temprana presencia romana en ninguno de los enclaves cantábricos hasta ahora constatados, aunque un desembarco romano ocasional no tendría que haber dejado testimonios materiales o constructivos visibles (Fernández Ochoa-Morillo, 1994:39). En cualquier caso, no existe ningún argumento concluyente que pueda ser esgrimido contra el desembarco, pero en este mismo trabajo ya recogíamos algunos datos indirectos que apuntaban al antiguo Portus(S)Amanum-Flaviobriga, la actual Castro Urdiales, como punto de apoyo de una posible intervención marítima(Fernández Ochoa-Morillo, 1994, 182).
Recientes investigaciones llevadas a cabo por R. Bohigas y M. Unzueta en el castro de la peña de Sámano, situado a escasa distancia de castro Urdiales, algunos kilómetros aguas arriba del rio Sámano, han confirmado la presencia de un potente asentamiento prerromano, si bien es verdad que los niveles arqueológicos de dicho asentamiento todavía no se han dado a conocer, por lo que su marco temporal todavía no ha podido ser precisado (Bohigas et alii,1999: 79-89). Si nuevas investigaciones confirmaran la antecedencia inmediata o simultaneidad de dicho asentamiento respecto de las Guerras Cántabras, nos encontraríamos con un argumento más para sostener la existencia una penetración romana en  la región cantábrica previa y preparatoria a la conquista definitiva, que pudo adoptar tanto una actitud calculadamente suave y colaboradora, buscando aliados fiables para la futura campaña, como agresiva y amenazadora.


(Negrita mía)

1 comentario:

  1. Interesante artículo.
    Le dejo unos enlaces que ya conocerá aunque quizás no alguno de los lectores.

    http://www.academia.edu/Papers/in/Roman_military_archaeology

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